Don Juan & Luis Miguel

Encendió sin saberlo la carrera más legendaria de la música en español.

En el México vibrante de 1980, donde la música, la televisión y la alta gastronomía se entrelazaban como un espectáculo interminable, había un hombre que lo conocía todo y a todos: Juan Pascual Grau. Empresario, promotor de artistas, dueño de restaurantes que sabían a España —Bulerías y Casa Juan— y hombre de un carisma que abría más puertas que cualquier llave de oro. Su reputación no sólo reposaba en los fogones, sino en su habilidad para catapultar talentos al escenario mediático más codiciado del país.

Fue entonces cuando recibió una llamada inesperada. Del otro lado de la línea estaba José Gallego Sánchez, hermano del controvertido y poco afortunado cantante español Luis Rey (Luis Gallego Sánchez). Con voz de súplica disfrazada de esperanza, José le propuso a Juan una misión: rescatar la carrera de su hermano, hundida en España, y relanzarla en el Distrito Federal (ahora CDMX). Juan, hombre de corazón grande y olfato para las oportunidades, aceptó.

Un Contrato que lo cambiaría todo…

No pasó mucho tiempo antes de que Juan Pascual pusiera en orden los problemas que ataban a Luis Rey. Liquidó una deuda de 22 mil pesos que éste tenía con la Asociación Nacional de Actores (A.N.D.A.), lo que permitió que firmara un contrato avalado nada menos que por Mario de la Piedra —ex vicepresidente de Televisa—, representante tanto de la A.N.D.A. como del gigante televisivo.

Con el terreno despejado, Juan se movió con la precisión de un estratega: entregó a Jaime Ortiz Pino, director de EMI Capitol y cazador de talentos, un demo con veinte canciones grabadas por Luis Rey.

El camino al estrellato parecía listo, pavimentado y brillante.

El pasaje de avión que despegó a una leyenda.

Pero Luis Rey, maestro en el arte de la persuasión dramática, jugó su siguiente carta. Con mirada compungida y tono de víctima, le dijo a Juan que no podía abandonar a su familia en España y que no tenía los medios para traerlos. Conmovido, Juan sacó de su propio bolsillo 2,581 dólares y, el 3 de septiembre de 1980, hizo posible que Marcela Basteri y sus hijos —un niño de voz prodigiosa llamado Luis Miguel y su hermano Alejandro— volaran de Madrid a México.

Aquel día fue un espectáculo. Juan Pascual organizó un recibimiento digno de una película: un mariachi que entró hasta la puerta del avión, periodistas disparando flashes, y Luis Rey cantando su éxito más conocido, Frente a una copa de vino, justo en la escalerilla, como si el cielo le perteneciera.

El «Domingo» que puso a Luis Rey en el mapa…

El agradecimiento de Luis Rey parecía sincero. “Algún día te pagaré todo y con creces. Te quiero más que a mi madre”, le decía a Don Juan. Pero, la gratitud, como muchas promesas en el mundo del espectáculo, tiene fecha de caducidad.

Con sus contactos, Juan Pascual consiguió para Luis Rey un espacio en el programa más importante de la televisión mexicana:

Siempre en Domingo.

La canción de la copa de vino se escuchaba ya en cada rincón, y el público comenzaba a verlo como una figura importante. También le abrió la puerta del exclusivo centro de espectáculos Marrakesh, pero Luis Rey rechazó la oferta…

La historia continúa…

“No seré telonero de José José”, dijo con desdén, rechazando un pago de 10,000 pesos diarios porque quería lo mismo que el Príncipe de la Canción: 200,000 pesos. Juan, pragmático, le advirtió que eso era imposible, y Televisa cerró la oportunidad. Esta escena, años después, sería recreada por el actor Javier Moyano en la serie «Luis Miguel» de Netflix.

Aun así, Juan siguió ayudándolo. Le rentó un departamento amueblado en la colonia Nápoles, financió la estadía del hermano de Luis Rey y su familia, y hasta llevó paella y tortilla española a una convención de EMI Capitol donde Luis Rey era el artista principal.

La chispa que fulminó la lealtad pero encendió a un ídolo

Pero el brillo no duró. Luis Rey, en lugar de reconocer las atenciones y sacrificios de Don Juan, se apartó de él. Con los contactos que había cosechado gracias a Juan, con la farándula y los medios, dejó de pagar su deuda y se centró en impulsar la carrera de su hijo Luis Miguel, el niño prodigio que conquistaría el mundo.

Juan Pascual lo había apostado todo por un hombre que nunca devolvió lo prestado —ni el dinero, ni la lealtad—, pero sin saberlo, había encendido la mecha de una de las carreras más legendarias de la música en español.

Y así, entre el aroma de una paella recién hecha y el eco de un mariachi en la pista de un aeropuerto, quedaba escrita una historia de talento, traiciones y destino…

Una historia donde el verdadero protagonista, aunque en las sombras, siempre fue Juan Pascual Grau.